Una carta de Tamika Lyles, candidata al Congreso por el Distrito 16, una circunscripción electoral del suroeste de Florida ~ A letter from Tamika Lyles, candidate for Congress in District 16, an electoral district in Southwest Florida

Una carta de Tamika Lyles, candidata al Congreso por el Distrito 16, una circunscripción electoral del suroeste de Florida

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Las amenazas no me silenciarán: la violencia política no tiene cabida en nuestra democracia.

El servicio público no es para personas pusilánimes. A lo largo de mi trayectoria como defensora de causas, educadora, veterana y candidata a un cargo público, he soportado ataques racistas, comentarios sexistas y expresiones denigrantes debido a quién soy, a mi apariencia y a las políticas que respaldo. Si bien tales comentarios son reprobables, siempre he entendido que el desacuerdo y la crítica forman parte de la participación en nuestra democracia.

Esto, sin embargo, cruzó un límite.

Hoy fui objeto de una amenaza violenta por haber firmado el compromiso para abolir el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas). La publicación en redes sociales incluía una imagen que mostraba a Alex Pretti — un ciudadano estadounidense que murió tras recibir un disparo en la nuca durante una operación del ICE — recibiendo dicho disparo, acompañada de la frase: “Solo los traidores protegen a los invasores.” La implicación era inequívoca: yo merecía el mismo destino debido a mis opiniones políticas y a mi defensa de la abolición del ICE tal como existe actualmente.

Permítanme ser absolutamente clara: amenazar con violencia política a quienes piensan distinto no es patriotismo. No es libertad de expresión. Es un ataque a los principios mismos de la democracia y de la Constitución que todos tenemos la responsabilidad de defender.

Esta amenaza ha sido denunciada ante las autoridades locales y el Buró Federal de Investigaciones (FBI). Me tomo muy en serio la seguridad de mi familia, de mi equipo de campaña y de mi comunidad. Las amenazas de violencia constituyen delitos, y espero plenamente que se traten como tales.

La violencia política se ha vuelto demasiado frecuente en Estados Unidos. Hemos visto cómo cargos electos, candidatos, activistas y ciudadanos comunes son blanco de ataques simplemente por sus creencias. Independientemente de la afiliación política, todos los estadounidenses deberían condenar inequívocamente las amenazas de violencia.

Firmé el compromiso para abolir el ICE porque considero que nuestro sistema migratorio está fundamentalmente roto y porque creo en la importancia de los derechos humanos, los derechos constitucionales y el debido proceso. Apoyar la abolición del ICE tal como existe hoy no es sinónimo de defender fronteras abiertas o la ausencia de ley. Es un llamado a la rendición de cuentas, a la transparencia y a un sistema migratorio humano que refleje nuestros valores constitucionales.

El ICE no existía antes de 2003. Nuestra nación hacía cumplir las leyes de inmigración antes de la creación del ICE, y podemos volver a hacerlo mediante políticas que defiendan tanto la seguridad pública como la dignidad humana. Somos capaces de asegurar nuestras fronteras sin sacrificar nuestra humanidad ni renunciar a las protecciones constitucionales.

Como veterana de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, presté juramento de apoyar y defender la Constitución de los Estados Unidos. Ese juramento no incluía ninguna cláusula que me obligara a guardar silencio cuando decir la verdad resultara incómodo o políticamente inconveniente.

A quienes creen que amenazarme hará que abandone mis principios: han entendido mal quién soy.

He dedicado mi vida a luchar por las familias trabajadoras, los veteranos, los estudiantes y las comunidades vulnerables. He defendido a las personas sin hogar, he apoyado a educadores y sindicatos, y he trabajado para garantizar que todos sean tratados con dignidad, independientemente de sus circunstancias. No entré en el servicio público para elegir las batallas fáciles; entré para luchar por lo que es justo.

Más bien, este incidente sirve como un recordatorio aleccionador de por qué debemos seguir luchando para proteger nuestra democracia, nuestros derechos constitucionales y el principio fundamental de que los desacuerdos políticos se resuelven mediante la participación cívica, no mediante la violencia.

Mi compromiso con la justicia, la democracia y una reforma migratoria humana permanece inalterable.

Ninguna amenaza será jamás mayor que mi compromiso con las personas a las que sirvo y con los valores que defiendo.

La lucha continúa.

Tamika Lyles

A letter from Tamika Lyles, candidate for Congress in District 16, an electoral district in Southwest Florida

Threats will not silence me: Political violence has no place in our democracy

Tamika Lyles standing in front of the White House with her arms crossedPublic service is not for the faint of heart. Throughout my career as an advocate, educator, veteran, and candidate for public office, I have endured racist attacks, sexist remarks, and derogatory comments because of who I am, what I look like, and the policies I support. While those comments are reprehensible, I have always understood that disagreement and criticism are part of participating in our democracy.

This, however, crossed a line.

Today, I became the target of a violent threat because I signed the Abolish ICE Pledge. The social media post included an image depicting Alex Pretti, a United States citizen who was fatally shot during an ICE operation, being shot in the back of the head and included the words, “Only traitors protect invaders.” The unmistakable implication was that I deserve the same fate because of my political views and my advocacy for abolishing ICE as it currently exists.

Let me be absolutely clear: threatening political violence against those with whom you disagree is not patriotism. It is not free speech. It is an attack on the very principles of democracy and the Constitution that we all have a responsibility to defend.

This threat has been reported to local law enforcement and the Federal Bureau of Investigation (FBI). I take the safety of my family, my campaign team, and my community seriously. Threats of violence are criminal matters, and I fully expect that they will be treated as such.

Political violence has become far too common in America. We have witnessed elected officials, candidates, activists, and ordinary citizens targeted simply because of their beliefs. Regardless of political affiliation, every American should condemn threats of violence unequivocally.

I signed the Abolish ICE Pledge because I believe our immigration system is fundamentally broken and because I believe human rights, constitutional rights, and due process matter. Supporting the abolition of ICE as it currently exists is not synonymous with supporting open borders or lawlessness. It is a call for accountability, transparency, and a humane immigration system that reflects our constitutional values.

ICE did not exist until 2003. Our nation enforced immigration laws before ICE, and we can do so again through policies that uphold both public safety and human dignity. We are capable of securing our borders without sacrificing our humanity or abandoning constitutional protections.

As a United States Air Force veteran, I swore an oath to support and defend the Constitution of the United States. That oath did not come with an asterisk requiring me to remain silent when speaking truth becomes uncomfortable or politically inconvenient.

To those who believe that threatening me will cause me to abandon my principles, you have fundamentally misunderstood who I am.

I have spent my life fighting for working families, veterans, students, and vulnerable communities. I have advocated for the homeless, stood alongside educators and labor unions, and worked to ensure that people are treated with dignity regardless of their circumstances. I did not enter public service to choose the easy fights. I entered public service to fight for what is right.

If anything, this incident serves as a sobering reminder of why we must continue fighting to protect our democracy, our constitutional rights, and the fundamental principle that political disagreements are resolved through civic engagement, not violence.

My commitment to justice, democracy, and humane immigration reform remains unchanged.

No threat will ever be greater than my commitment to the people I serve and the values I defend.

The fight continues.

Tamika Lyles

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